Se instalan lentamente, casi sin hacerse visibles, en una distancia que crece. Al principio no hay pérdida, sino la sensación de que algo conocido ha empezado a pertenecernos de otra manera.
Después llega una sucesión de pequeñas renuncias, de cosas que dejan de ocupar su lugar dentro de nosotrxs. Algunas permanecen durante un tiempo, suspendidas entre la presencia y la ausencia, como si todavía esperaran ser reconocidas.
No es todavía ausencia, porque conserva algo de su forma, de su peso, de su temperatura. Lo llevamos incluso cuando ya no sabemos exactamente qué estamos llevando.
Con el tiempo, algo se mueve. No hacia atrás. Tampoco necesariamente hacia delante.
Lo que dolía cede. Lo perdido pierde sus contornos. Y aquello que parecía una ausencia comienza, lentamente, a confundirse con el cuerpo.
Estilismo — Andrea Dora
Ropa — D.RAiz/ Nuedu